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“Cada vez que hay un agravio, el dolor nos fortalece en nuestras convicciones. Cada vez que nos ofenden: más lucha todavía”

La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, estuvo en Concepción del Uruguay como invitada en el cierre de las acciones desarrolladas por el Mes del Derecho a la Identidad, organizadas por la Municipalidad de dicha ciudad. La Lucha en la Calle estuvo presente junto a docentes y dirigentes de AGMER que formaron parte de la actividad. Compartimos fotos y las palabras de Estela, que siempre son aliento y fuerza para continuar en la lucha por los Derechos Humanos de ayer, hoy y mañana.

 

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Miembros de la CDC de AGMER, de la Seccional Uruguay, docentes de la provincia, organismos de Derechos Humanos, muchísimos jóvenes y ciudadanos en general, literalmente se agolparon en el espacio destinado de ámbito para la charla que Estela de Carlotto brindó en la tarde de ayer, miércoles 16 de octubre, en Concepción del Uruguay. Hasta en los colmados pasillos del auditorio escucharon en silencio y con muchísima atención las palabras de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, que por espacio de una hora compartió con los presentes una mezcla de historia, balance, análisis de la situación nacional y apuesta al futuro que encaran desde hace casi 43 años de manera ininterrumpida.

 

Puntualmente, sobre la situación actual de ninguneo desde el Estado para con los organismos de DDHH, Estela planteó que “las ofensas, el atraso que se ha producido durante esta gestión en la que han vaciado y dejado sin efecto los espacios de trabajo estratégicos que teníamos en el Estado para buscar con más facilidad rastros o datos de adultos y nietos desaparecidos, es devastador. Pero no importa, porque tenemos fuerza. Y parece mentira, pero cada vez que hay un agravio, ese dolor, esa bronca -no odio, ni venganza, ni revancha-  esa necesidad de justicia nos fortalece en nuestras convicciones. O sea que cada vez que nos ofenden: más lucha todavía”.

 

“Hemos abierto caminos”

Volviendo atrás en el tiempo, Estela de Carlotto reconoció que “hemos crecido muchísimo. Recuerdo a aquellas señoras que viajábamos con nuestro sueldito que no teníamos dónde reunirnos, simulando el festejo de un cumpleaños en alguna confitería y cuando el mozo se iba firmábamos cartas para el mundo: al papa, a los ministros, a los gobiernos de Europa que nos podían ayudar. Así fuimos llegando donde estamos hoy, que tenemos 13 equipos técnicos llevando adelante los juicios en todo el país contra estos represores genocidas que no confiesan, que no se arrepienten, y que dicen que lo volverían a hacer si fuera necesario. Son peligrosos y no merecen cárcel domiciliaria, pero en estos últimos años se da esto de tratarlos como viejitos enfermos y así los vemos caminar por la calle, violentando la ley. Decimos bien claro: NO DEBEN SALIR. Y así estamos: vigilantes todo el tiempo, insistiendo bien firmemente cuando nos salen con eso de que ‘el pasado ya fue’, respondemos que no: que el pasado es presente y falta muchísimo por hacer aún”.

 

“Acá están los hermosos frutos de nuestra lucha”

Narra a continuación Estela, muy contenta y a la vez emocionada, reconociendo una situación  que, por más que duela, nadie puede negar: nuestras Abuelas ya no tienen treinta años. Dirá entonces que están muy felices por toda la juventud que las acompaña y rodea.

En la mesa de la charla están, junto a Estela, Blanca Díaz de Garnier, su nieta Adriana Garnier Ortolani -nieta recuperada 126 que es sobrina de nuestra compañera docente y militante de AGMER, Silvia- y los nietos recuperados Catalina de Sanctis Ovando y Matías Ayastuy Bugnone.

“Las Abuelas, sabiendo que falta mucho, más de trescientos nietos y nietas por encontrar, ya tenemos el relevo (sonríe señalando a los nietos que la acompañan). Efectivamente, por reforma del estatuto de nuestra Comisión Directiva, ya están nuestros nietos siendo parte de la misma: ellos ya tienen voz y voto” y agrega a modo de advertencia jocosa: “igual, yo les digo: mientras exista una abuela; manda la abuela” y el público aplaude la ocurrencia, ratificándola.

 

“Nunca nos arrodillamos”

Haciendo un retroceso en el tiempo, la presidenta de Abuelas dirá que ella nació en el momento de la primera dictadura que afrontó en el país, allá por 1930. Narra a los presentes que, desde entonces, se crió entre este clima, pero que tiene muy presente el bombardeo a la Plaza de Mayo en 1955. Se cuestiona por su inacción y la del pueblo en general: “salieron los obreros y los estudiantes ¿y el resto qué? Si hubiéramos salido, si yo hubiera salido, Laura estaría viva y sus compañeros, los treinta mil, también. Hay que salir, hay que salir”, enfatizó visiblemente emocionada.

“Los jóvenes de hoy son los herederos de nuestra historia. Y nosotras, las Abuelas, vamos a estar mientras podamos, aunque hoy el caminar nos cueste. Y yo digo que todas usamos bastón porque nunca nos arrodillamos. Más de una vez han querido comprarnos, estafarnos, engañarnos de que a cambio de nuestra dignidad nos devolverían el nieto o la nieta buscada. Ninguna de nosotras aceptó, porque aunque tardemos en encontrarlos, queremos mirarlos a los ojos y decirles que no entregamos ni la sangre ni la vida ni la lucha de sus padres, todo lo contrario”.

 

Estela se despide del auditorio con palabras de esperanza sobre el porvenir y con el insistente pedido de unidad para no bajar los brazos en la lucha por Memoria, Verdad y Justicia. A su lado, Adriana Garnier Ortolani no suelta la mano de su abuela Blanca, que, pequeñita como es, luego consentirá a un grupo de entusiastas adolescentes que le piden selfies. Matías Ayastuy Bugnone acompaña a su hija en el pedido de “foto con Estela” y así, con un amor infinito, celebran ellos también el encuentro y la incesante lucha. Hay emoción entre el público. Afuera llueve con contundencia, pero del auditorio no se mueve nadie hasta no saludar a Estela. Los abrazos se multiplican.

 

“Yo presido la institución, pero las abuelas somos todas porque una sola no hubiera podido hacer absolutamente nada” dijo Estela. Unidos y sin bajar los brazos seguiremos el camino que nos señalan. Hasta no encontrar al último, a la última, los seguiremos buscando.

 

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