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Cincuenta años sin Tosco, y sus luchas más presentes que nunca

El 05 de noviembre de 1975 fallecía el dirigente sindical cordobés, Agustín Tosco. Indiscutiblemente ligado su nombre a la lucha por los derechos de las y los trabajadores y a la unión obrero-estudiantil, repasar hoy su historia y sus convicciones es casi un deber. Ni un paso atrás sobre lo que tantas vidas nos ha costado conseguir en materia de derechos. Ni un paso atrás.

 

   Agustín José Tosco nació el 22 de mayo de 1930 en Coronel Moldes, Córdoba, a 80 km al sur de la ciudad de Río Cuarto.

   Sus padres eran inmigrantes piamonteses, dedicados al trabajo en el campo. Conoció las duras jornadas del campesino, mientras hacía la escuela primaria con gran esfuerzo porque la lengua que más dominaba era el piamontés, que era el que se hablaba en el hogar.

   Como le gustaba leer, en el rancho de piso de tierra y sin luz eléctrica donde vivía con su familia, creó su propia biblioteca. Contó que de adolescente leía a José Ingenieros.

    Ese flaco alto, con los dientes manchados luego de años y años de tomar agua de pozo, cursó en la Escuela de Trabajo Presidente Roca, donde fue elegido presidente del centro de estudiantes. Cuando fue designado para hablar en el cierre del ciclo, en su discurso atacó el sistema de la escuela, se negó a recibir el diploma de manos del director y recibió una ovación de sus compañeros.

   Al cumplir la mayoría de edad, entró como aprendiz de electricista en el taller electromecánico de Luz y Fuerza. Había hecho un curso de tres años en la Universidad Tecnológica, donde se recibió de electrotécnico. Cuando volvió del servicio militar, dejó los estudios.

   A los 19 años fue subdelegado y al año siguiente delegado. Miró con simpatía al primer peronismo, aplaudió medidas como el Estatuto del Peón y las convenciones colectivas de trabajo, aunque en la segunda presidencia de Perón, tomó distancia.

En 1959 se había casado con Nélida Bonyuan, su novia de la época en que vivía en Coronel Moldes, con quien tuvo dos hijos, Malvina y Héctor. En 1952 fue secretario de delegados de Luz y Fuerza de Córdoba y en 1953 ganó las elecciones para conducir el gremio en su provincia. En 1954 fue electo secretario gremial del secretariado nacional de la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza, puesto que perdió con la intervención militar. Aún preso, en 1972, fue elegido dirigente del gremio y secretario adjunto de la delegación regional.

 

El Cordobazo

   Enseguida, al general golpista Juan Carlos Onganía, que había echado del poder al presidente Illia, las cosas se le irían de las manos. Se fueron dando una sucesión de estallidos de conflictos en importantes ciudades del país, siendo el más relevante el ocurrido el 29 de mayo de 1969 en Córdoba, que pasaría a la historia como “El Cordobazo”.

   Era inminente que los organizadores de la protesta, que planteaban la unidad de todos los sectores para enfrentar a la dictadura, declarasen un paro general. Ya venían con semanas de reclamos de trabajadores de las automotrices, que pedían la eliminación del “sábado inglés”. Se unieron en la protesta las dos regionales de las CGT, la Azopardo y la de los Argentinos, que estaban en veredas opuestas a nivel nacional.

   Unas quince mil personas integraron diversas columnas que marcharon hacia el centro de la ciudad de Córdoba, especialmente obreros de SMATA (Mecánicos), UOM (Metalúrgicos) y de Luz y Fuerza, a cuyo frente estaba Tosco. Las y los estudiantes no se mantuvieron ajenos y también se sumaron a las manifestaciones. Las multitudinarias marchas obligaron a la policía a retroceder y a abandonar la vigilancia de edificios públicos. El gobierno envió al Ejército, que se tardó en llegar y al día siguiente tomó el control. Por su papel, el Cordobazo encumbró a Tosco a nivel nacional. En 1970 viajó a Chile para asistir a la asunción del presidente trasandino Salvador Allende.

 

   Cuando era secretario general del gremio de Luz y Fuerza de Córdoba, se levantaba a las cinco y media de la mañana y antes de las seis y media ya había fichado en el trabajo, donde cumplía tareas hasta las 13.30. Luego de un almuerzo en su casa y una siesta, a partir de la tarde atendía en el sindicato hasta la medianoche.

   Decía que Evita era una gran mujer que había luchado por los derechos del pueblo y que Hipólito Yrigoyen había sido un gran patriota. Hincha de Huracán, le gustaba el ajedrez e ir a ver los partidos de basquet de Unión Eléctrica.

   Aseguraba que su raíz era marxista e interpretaba a la lucha de clases como un hecho histórico. Estaba al frente, en la década del 70, del Movimiento Nacional Intersindical -la contracara de la CGT- al que definía como socialista y que levantaba las banderas de liberación nacional.

   En 1974 se le había declarado una encefalitis bacteriana. Ese año debió pasar a la clandestinidad al ser intervenido el gremio. Lo buscaban por todos lados. Su casa en el barrio Los Naranjos era permanentemente vigilada. Sus amigos lograron trasladarlo a Buenos Aires para que pudiera ser tratado, pero finalmente falleció en la clandestinidad el 5 de noviembre de 1975 de una septicemia.

   Su cuerpo fue llevado en ambulancia en Córdoba, sentado en el asiento del acompañante del conductor. Primero fue velado en la casa de un dirigente y luego su despedida continuó en el Club Redes Cordobesas, en el barrio General Paz. Tenía 45 años.

   En la lluviosa tarde del 6 de noviembre, fue su sepelio en el cementerio San Jerónimo, y el cortejo que en sus inicios fue de cinco mil personas, terminó siendo de más de veinte mil, finalmente dispersados a tiros por la policía y por matones apostados en los techos de las bóvedas.

 

   Por sobre todas las cosas, Tosco fue un militante íntegro y coherente. Un trabajador. A cincuenta años de su temprana partida, rememorar esta fecha no es una necrológica más, es un esfuerzo de Memoria de la historia de lucha de nuestro pueblo, de la clase trabajadora, de la unión obrero estudiantil y de las conquistas logradas en el ese camino, que tanto nos costaron.

   Rememorar la vida de Agustín Tosco cobra hoy mucha más importancia, y es un ejercicio que, como trabajadoras y trabajadores, nos debemos. Se avecinan tiempos durísimos en los que todas nuestras conquistas se han vuelto fichas en la mesa de timba de quienes quieren arrancárnosla. No podemos permitirlo. Tosco falleció hace ya cincuenta años, pero su vida y su ejemplo deben ser presente más que nunca.

 

#LaLuchaEnLaCalle #Agmer 

 

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